Hoy el ritmo lo ponemos los dos.
Agárrame la mano, fuerte, enlaza mis dedos con los tuyos, ¿Ves? Puedo jugar con ellos como con las teclas de mi piano, ahora más fuerte, quiero que tu mano viaje con la mia hacía mi pecho, ¿Lo sientes? Mi corazón palpita, se oye, te quiere, y ahora más que nunca.
Será inevitable no aferrarme a tu cuello, y tu, a mi cintura. Abrázame, pero despacio, quiero sentir cada parte de tu cuerpo. Ahora quieto, siento tu respiración en mi cuello, está perdida... Tu boca, nerviosa, pide la mia en silencio, llevan tiempo esperándolo, les gusta, se rinden... Susurras que no puedes más, y me tumbas en el sofá, mi cuerpo se prepara, no aguanta más, te desea, y ahora más que nunca.
Lo haremos sin ritmo, a contratiempo, hoy romperemos con todo, menos con el deseo.
Noche, fiesta y alcohol. En estos últimos meses en eso se basaba mi vida.
Me levanté, como todos los días, con la cabeza dando vueltas y mis pies doloridos por los tacones. Siempre me prometía que esa sería la última noche, pero nunca lo cumplía.
Mi vida se había hecho aún más monótona que antes, que hace un año, para ser más exactos, que fue cuando mi novio me dejó. Le echo a él la culpa de todo esto, todavía me pregunto como sonrío al recordar lo que paso;
…me “mataba” a trabajar para costearnos nuestros más tontos caprichos , mientras él “trabaja en casa”, era escritor, por lo que su trabajo le permitía hacerlo, y para abreviar, digo “trabajar” por que el oficio que mi ex pareja desempeñaba era trabajarse a mi mejor amiga. Ahora tienen un niño de 8 meses y viven en Holanda.
Mi relación con los hombres desde ese momento se basó en el sexo y nunca repetía con ninguno de ellos… Hasta que hace un mes apareció El. Rastas, barba y algo hippy digamos que no era en lo que yo me habría fijado anteriormente…
Todos los días frecuentábamos el mismo lugar solo para vernos, no hablábamos, nos pasábamos la noche mirándonos, y a mí, me ponía. Las miradas pasaron a ser sonrisas y pequeños gestos de complicidad, hasta que una noche, se acercó, me agarró de la mano y me sacó de ese antro. Nos montamos en su coche y sin mediar palabra llegamos a la cima de una pequeña colina desde la que se podían ver las estrellas, tampoco allí nos dirigimos palabra, entre nosotros dos, sobran. Y así nos pasamos las noches, bebiendo y bailado hasta el amanecer, en el lugar de siempre…
Es una relación algo extraña, a veces hasta absurda, no nos hemos llegado a tocar, pero ahora mismo no me veo sin él por las noches. Y no, no sé su nombre, pero a decir verdad, tampoco me importa.
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